lunes, 13 de mayo de 2019

7º TECAO - Historia del Emprendedorismo


1803: Jean-Baptiste Say: Un emprendedor es un agente económico que une todos los medios de producción. La tierra de uno, el trabajo de otro y el capital de un tercero y produce un producto. Mediante la venta de un producto en el mercado, paga la renta de la tierra, el salario de sus empleados, interés en el capital y su provecho es el remanente. Intercambia recursos económicos desde un área de baja productividad hacia una área de alta productividad y alto rendimiento.


1934: Schumpeter: Los emprendedores son innovadores que buscan destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios.

1964: Peter Drucker: Un entrepreneur busca el cambio, responde a él y explota sus oportunidades. La innovación es una herramienta específica de un emprendedor, por ende en emprendedor efectivo convierte una fuente en un recurso.

1975: Howard Stevenson: El emprendedorismo es la búsqueda de oportunidades independientemente de los recursos controlados .



Se ha sugerido que Henry Ford llegó a ser un emprendedor no en 1903, cuando comenzó a producir automóviles, sino en 1908-9, cuando comienza a producir el modelo T e introduce la producción en cadena, resultando ambas 
innovaciones en una revolución tanto en la industria como en la sociedad de Estados Unidos.

 Bill Gates o Steve Jobs y otros no es que éstos sean los únicos dispuestos a de tomar riesgos o capaces de ello, sino que estos personajes - motivado no necesariamente en forma principal por la ganancia - son capaces de introducir innovaciones que modifican profundamente algún área económica o la sociedad entera. Posteriormente aparecerán otros que copian o adoptan esas innovaciones, quienes también asumen un riesgo, pero no son -según esta concepción- verdaderos emprendedores, sino más bien un hombre de negocios, un comerciante o un empresario.

 Famosos economistas ingleses, como Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill, interpretaron el término como “Gerentes de negocios”. Sin embargo, posteriormente, ellos llegaron a la conclusión de que ser empresario no requería de habilidad extraordinaria alguna, y que habían subvalorado el significado que en francés tenía el concepto de emprendedor.

Esta afirmación era bastante radical, pues ahora sabemos perfectamente que para ser empresario se requiere de muchas habilidades. Sin embargo, en la actualidad también sabemos que se puede ser empresario sin necesariamente ser un emprendedor. El ejemplo más claro sería el de una persona que hereda una empresa, sin ella haber realizado acción emprendedora alguna para su desarrollo.

Pero volviendo a la historia económica, en 1890, Alfred Marshall, otro economista británico, reconoció formalmente en su libro, Tratado de Principios Económicos, la importancia de los emprendedores en los procesos productivos. Marshall consideraba que son cuatro los factores necesarios para la producción: tierra, trabajo, capital y organización. Según este teórico, el emprendedor es quien al organizar creativamente los otros tres factores, tierra, trabajo y capital, crea nuevos productos o bien mejora los planes de producción de los actuales. También añade que el emprendedor tiene un profundo conocimiento de la industria en que se desenvuelve, es un líder natural y posee la habilidad de prever los cambios futuros en la oferta y la demanda. También gusta de tomar acciones riesgosas, aún con total ausencia de información.

Coincidiendo con Stuart Mill, Alfred Marshall considera las habilidades asociadas con los emprendedores son tan grandes y numerosas, que muy pocas personas pueden mostrarlas en un alto grado. Marshall considera también que las habilidades para ser un emprendedor pueden ser adquiridas, algo que hasta ese momento nadie consideraba.
 
El economista norteamericano Harvey Leibenstein, añade por su parte que la característica insoslayable de todo emprendedor es la de ser “llenador de vacíos”, en el sentido que tienen la habilidad de descubrir dónde está fallando el mercado para desarrollar nuevos bienes o procesos que el mercado demanda y no se le está supliendo. Es ahí donde los emprendedores conectan diferentes mercados, combinan diferentes elementos y generan productos innovadores que satisfacen demandas insuficientemente satisfechas.




Desde el tiempo de Marshall, el concepto de emprendedurismo ha continuado sufriendo evolución teórica. Por ejemplo, mientras que Marshall creía que el emprendedurismo fue simplemente la fuerza motriz detrás de la organización, muchos economistas hoy, pero ciertamente no todos, creen que el emprendedurismo es ensimismo el cuarto factor de la producción que coordina a las otras tres (Arnold, 1996). Desafortunadamente, aunque muchos economistas aceptan que el emprendedurismo es necesario para el crecimiento económico, ellos continúan debatiendo sobre el actual rol que los emprendedores juegan en generar el crecimiento económico. Una escuela ideológica en emprendedurismo sugiere que el rol del emprendedor es el de un portador de riesgo frente a la incertidumbre y la información imperfecta. Knight dice que un emprendedor estará dispuesto a afrontar el riesgo de la nueva aventura si él cree que hay un chance significante para una ganancia (Swoboda, 1983). Aunque muchas teorías actuales sobre el emprendedurismo aceptan que hay un componente inherente de riesgo, que la teoría del portador de riesgo sola no puede explicar por qué algunos individuos vienen a ser emprendedores y otros no. Por ejemplo, siguiendo desde Knight, Mises afirma que cualquier persona que soporte el riesgo de perdidas o cualquier tipo de incertidumbre podría ser llamado un emprendedor bajo esta estrecha definición de que el emprendedor es portador de riesgo. (Swoboda, 1983).

Así, para construir un modelo de desarrollo del emprendedurismo es necesario observar a algunas de las otras características que pueda explicar porque algunas personas son emprendedores; el riesgo puede ser un factor, pero no es el único.

Otra escuela moderna de pensamiento informa que el rol del emprendedor es el de un innovador; sin embargo, la definición de innovación es aún ampliamente debatible. Kirzner sugiere que el proceso de innovación es en realidad un espontáneo “aprendizaje involuntario” (Kirzner, 1985,10).

Aunque muchos economistas aceptan la idea que los emprendedores son innovadores, puede ser difícil aplicar la teoría del emprendedurismo en los países de menor desarrollo (Less Developed Countries: LDCs).   Frecuentemente en los LDCs, los emprendedores no son necesariamente innovadores en el tradicional sentido de la palabra. Por ejemplo, los emprendedores en los LDCs, raramente producen productos nuevos; más bien, ellos imitan los productos y los procesos de producción que han sido inventados en algún otro lado del mundo (típicamente en los países desarrollados). Este proceso, el cual ocurre en los países desarrollados también, es llamado “imitación creativa” (Drucker, 1985). El término parece inicialmente paradójico; sin embargo es bastante descriptivo del proceso de innovación que actualmente ocurre en los LDCs. La imitación creativa toma lugar cuando los imitadores entienden mejor como una innovación puede ser aplicada, usada o vendida en su nicho de mercado particular (es decir, sus propios países) que las personas que han creado o descubierto la innovación original. Así, el proceso de innovación en los LDCs es frecuentemente la imitación y adaptación, en vez de la noción tradicional de un nuevo producto o proceso de descubrimiento y desarrollo.


Como la discusión anterior demuestra, a través de la evolución de la teoría del emprendedurismo, los diferentes estudiosos han postulado diferentes características que ellos creen que son comunes entre la mayoría de los emprendedores. Mediante la combinación de las dispares teorías anteriores, un conjunto generalizado de cualidades del emprendedurismo se pueden desarrollar. En general, los emprendedores son portadores de riesgo, coordinadores y organizadores, rellenadores de vacios, líderes e innovadores o imitadores creativos. Aunque esta lista de características no es de ninguna manera exhaustiva, puede ayudar a explicar porque algunas personas son emprendedoras y otras no los son. Así, mediante el fomento de estas cualidades y habilidades, los gobiernos pueden, teóricamente, alterar la oferta emprendedora doméstica de su país.

5º B - Teoría de Keynes y Estado de Bienestar

Economía Contemporánea



Jhon M. Keynes (1883 - 1946) economista británico, fue discipulo entre otros de Marshall.  Vivió en una época de crisis post guerra, con muchos desempleados.  Entró en conflicto con el esquema clásico y neoclásico porque opinaba que sus teorías sobre el mecanismo del mercado y su simple regulación, no expresaban realmente la realidad económica mundial en la que se vivía, lo que llevaba a la necesidad de una nueva teoría que diera fundamento al sistema.

Keynes defendió la necesidad de la intervención del Estado, que a través de políticas económicas se encaminaba a regular las imperfecciones del mercado: aumento del gasto público, especialmente en inversión, en infraestructuras, con el fin de potenciar la demanda agregada, una importante redistribución de la renta y una política comercial proteccionista, para defender los empleos de las industrias nacionales, aumento de la cantidad de dinero, lo que provocaría una disminución del tipo de interés y estimularía a la inversión.

Es la "Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero" su obra revolucionaria, en la que atacó el mecanismo de ajuste automático del desempleo mediante el descenso de los salarios reales que se encontraba en la base de las teorías clásicas y neoclásicas sobre el mercado de trabajo.  Por el contrario, Keynes sostuvo que el equilibrio económico no tenía necesariamente por qué conllevar una situación de pleno empleo.

El modelo keynesiano partía de considerar que la renta nacional dependía del gasto de las familias llamada Consumo y el gasto de la empresa llamada Inversión.  A su vez, el primero estaba determinado por la propensión marginal al consumo que indicaba lo que los consumidores harían con un peso adicional de ingreso, mientras que la segunda estaba influenciado por el tipo de interés.

En todos estos aspectos, las teorías económicas keynesianas se convirtieron en el nuevo paradigma que deberían seguir los gobiernos occidentales tras las postguerra, y pueden considerarse como la base del moderno Estado del Bienestar.


El Estado de bienestar


Fue creado en la Europa de posguerra, puede definirse como la institucionalización de los derechos sociales de los ciudadanos.  El Estado provee a los ciudadanos determinadas prestaciones en forma de subsidios, ayudas o pensiones, y brinda un conjunto de servicios sociales, generalmente, en materia de salud y educación.


El estado de bienestar es el conjunto de servicios sociales (pensiones, cobertura de desempleo, salud, educación) que garantizan a los ciudadanos un nivel de subsistencia.



Originalmente, al tratar de ofrecer a todos los ciudadanos unos servicios mínimos en forma de prestaciones como educación, salud, salario mínimo, pensiones, cobertura de desempleo, etc., pretendía erradicar la pobreza en Europa tras la guerra.  El estado de bienestar contribuyó a vertebrar la Europa arruinada por la Segunda Guerra Mundial en un consenso sin precedentes, y logró una convivencia difícil de alcanzar.  Mediante este proceso, el Estado se convirtió en una especie de árbitro para las distintas clases sociales y paralelamente, despolitizó y desautorizó las posibles revueltas sociales en aquellos lugares en que las desigualdades eran muy acusadas.  De esta forma se intentaba evitar el contagio de las ideas comunistas que regían entonces en Europa del Este.


Como resultado, el estado de bienestar es, desde hace medio siglo, un elemento clave de la cultura europea y ha caracterizado un modelo de crecimiento a largo plazo.

El ejemplo europeo fue seguido por otros países.  En América Latina, sobre todo, el Estado sumió funciones similares luego de la Segunda Guerra Mundial.


El debate sobre el estado de bienestar


Se ha abierto un debate central, algunos se preguntan si el estado de bienestar no se ha convertido en una rémora (obstáculo que detienen o entorpece)  para el futuro.  La clave radica en saber si las iniciativas lanzadas para aliviar la pobreza están provocando hoy déficits públicos ingobernables y aumentos del desempleo, pues propician salarios elevados que tienen como marco de referencia unos subsidios de desempleo que no invitan a trabajar.  Se cree que las subvenciones creadas por el estado de bienestar han limitado los incentivos para trabajar.

La magnitud de la quiebra fiscal del Estado, originada por una necesidad creciente de prestaciones y un menor número de contribuyentes, la cuestión para debatir es si existe la posibilidad de mantener los sistemas de protección social y a la vez generar empleo.

El estado de bienestar ha funcionado mientras la prosperidad hizo posible un aumento de la presión fiscal que compensase las desigualdades más extremas, mediante un aumento de los servicios sociales.  Cuando los ritmos de crecimiento disminuyeron, los déficit públicos empezaron a hacerse excesivos.

En América Latina en general y en Argentina en particular, buena parte del estado de bienestar fue desmantelado en los años noventa durante el auge de las políticas económicas de cuño neoliberal.  La crisis en que culminaron tales políticas obligó a generar nuevos mecanismos de lucha contra la pobreza.  En nuestro país en 2002 se implementaron los planes Jefes y Jefas de Hogar Desocupados.

El futuro del estado de bienestar

Existen tres posturas:  
  • Los neoliberales sostienen que el estado de bienestar debe ser desmantelado para que actúen las fuerzas del mercado, pues genera más ineficiencias que beneficios.
  • Otros que debe reformarse, para hacerlo compatible con la necesaria contención del gasto público, lo que implica profundos recortes en algunas de las prestaciones.
  • Los defensores de una tercera postura afirman que el estado de bienestar forma parte esencial de la lucha contra la desigualdad y en consecuencia debe mantenerse.
Al margen de las distintas opiniones políticas, las fuerza de los hechos está demostrando que el estado de bienestar precisa una reforma y actualización que permita que aquellos que realmente lo necesiten, puedan ejercer los derechos adquiridos.  Así buena parte de los países europeos ha iniciado un proceso de revisión de los niveles de asistencia, en unos casos al alza y en otros  a la baja, evitando ineficiencias y eliminando los corporativismos.